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Un repaso por sus mejores momentos como azulgrana

Del drama de Leverkusen a la llamada de Cruyff

Escrito por Àlex Santos/EFE

Lunes, 29 Mayo 2017 21:02
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Valverde, junto a Cruyff. (Foto: Fernando Zueras).

El vicepresidente españolista Ferran Martorell dijo el día que el Barcelona cerró los traspasos de Ernesto Valverde primero, y pocos días después el de Miquel Soler, que no volvería a negociar nunca más con Joan Gaspart, por entonces el representante del Barça en las transacciones de jugadores.

"Prefiero que me saquen una muela del juicio antes que volver a negociar con Gaspart", aseguró Martorell, tras unas semanas en las que, sin móviles ni internet, principalmente la parte barcelonista volvió locos a todos los actores en aquella doble transacción, incluida a la prensa, cuando se estilaba por entonces esperar horas y horas en el lugar donde se podía cerrar el acuerdo. Ernesto Valverde era uno de los deseos de Johan Cruyff, igual que Soler, y por ello el Barça los quería fichar, pero a un precio "razonable", no a los 600 millones de pesetas que el Espanyol fijó como cifra inamovible y con la que pretendía refundar el equipo tras el desastre de Leverkusen aquella primavera de 1988.

Al final, fueron 430 millones de pesetas por los dos (casi 2'6 millones de euros), incluido el 15% que ambos jugadores cobraron del traspaso, montante al que tenían derecho y que acabó siendo uno de los muchos obstáculos que frenaron el acuerdo que estaba llamado a cerrarse a un precio "aceptable", siempre según el Barça. Valverde y Soler recalaron en el proyecto inicial de Johan Cruyff, con el que el Barcelona pretendía refundarse después de la amargura que en 1987 se instaló en la entidad tras perder la Copa de Europa en Sevilla contra el Steaua de Bucarest en los penaltis.

Por su parte, Valverde y Soler llegaban tras el varapalo del Espanyol en la final de la Copa de la UEFA de 1988 contra el Bayer Leverkusen, un doble drama que dejó una cicatriz que los años no ha borrado de las dos entidades, especialmente en el Espanyol, ya que en el 2007 con Valverde en el banquillo volvió a perder una nueva final de la Copa de la UEFA, esta vez contra el Sevilla y en los penaltis. "Es decepcionante, porque en la historia sólo están los que ganan. Hemos llegado donde nunca, pero queríamos el máximo para entregarlo a toda la afición", dijo tras el drama contra el Leverkusen un Valverde que se perdió por lesión el partido de vuelta.

Del drama de Leverkusen al proyecto de Johan Cruyff. Valverde y Soler no fueron la únicas incorporaciones que aparecieron en el Camp Nou el 23 de julio de 1988, además del técnico y de los dos exespañolistas, la afición barcelonista se ilusionó con futbolistas como López Recarte, Julio Salinas, Manolo Hierro, Serna, Bakero, Unzué, Eusebio y Beguiristain. El tránsito como jugador de Valverde en el Barcelona fue efímero, y parte de la culpa de ello la tuvieron las lesiones, como la que le lastró ya en la primera pretemporada en Papendal (Holanda).

Valverde llegó a aquel julio de 1988 a Papendal con líquido en la rodilla y sin poder trabajar con el grupo. La buena noticia para el joven atacante no le llegó hasta noviembre, cuando se reincorporó a los entrenamientos, algo más de dos meses después de haberse sometido a una segunda operación en la rodilla izquierda. Debutó finalmente con el Barça en un partido oficial el 11 de noviembre, en un encuentro de la Recopa de Europa contra el Lech Poznan, competición que el Barcelona ganó en 1989 contra el Sampdoria, final en la que Valverde no pudo ni entrar en la convocatoria por problemas en el abductor.

En la temporada siguiente, la falta de minutos y los problemas físicos le llevaron a abandonar el Barcelona y a fichar por el Athletic Club, tras haber jugado como azulgrana sólo 22 partidos en Liga en dos cursos, que ascienden a 29 con los cinco en la Copa y dos en la Recopa. En total, marcó 10 tantos en los 29 partidos oficiales.

Cruyff se quedó sin poder sacar el máximo provecho de un jugador por el que apostó, pero al futbolista le quedó, como mínimo, los dos años de magisterio que le transmitió el holandés en sus primeros cursos en el Barcelona.

Concluyó su periplo de azulgrana el 6 de mayo de 1990, día en el que jugó su último partido, en el campo del Zaragoza (2-0), en la última jornada de la Liga.

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